Por: Dr. Ing. Marcos Walter Acosta Montedoro
30 – 12 – 2022
5:49 am
En el transcurso de la vida, existe un aprendizaje que uno va adquiriendo. Como producto de ello, uno adquiere la sapiencia necesaria para afrontar diversas situaciones, entre ellas las relacionadas con la buena salud.
Con el advenimiento del covid-19, se ha tenido conocimiento que en muchos centros de salud no ha existido la capacidad de conocimientos de los profesionales correspondientes para afrontar dicha enfermedad, motivo esto de la causa de millones de fallecidos por dicha dolencia en el mundo entero. Tal vez era más fácil esperar el deceso de quienes lleguen a los centros de salud, que atreverse a ejercer algún tipo de cuidado con ellos, ya que se desconocía realmente cómo hacerlo y solo se contaban con el conocimiento de ciertas terapias para hacerlo, las cuales tampoco evidenciaban en su totalidad éxito alguno como tratamiento.
Sin embargo, en muchos lugares del mundo, se ha contado con personas o grupos de personas que han salvado sus vidas, como la de otros, con solo aplicar conocimientos previos con respecto al cuidado de la buena salud.
En vez de buscar atacar causas, como bien pudieran hacer los profesionales de la medicina común, atacaron los efectos, es decir, buscaron librarse de los efectos. Atacar las causas posibles que pudieran aquejar a aquellos enfermos de covid-19 pudiera haber implicado tiempo. Sin antecedentes, este tiempo se hubiera constituido realmente en una pérdida de tiempo, la cual llevó a la muerte a muchísimos.
En cambio, quienes atacaron los efectos, es decir, fiebres, asfixias, entre otros, además de atacar los “posibles efectos”, como el caso de la trombosis que pudiera haber llevado realmente a la muerte, como consecuencia de haber tenido covid-19, con ciertos conocimientos puestos en práctica lograron sobrevivir y salvarse y salvar a otros.
En base a su bagaje de conocimientos, en base a su cultura, ya sea general o específica en torno a cuidados de la buena salud, muchos se salvaron y salvaron a los demás. Aplicaron simplemente la medicina cultural, aquella que no se obtiene de los más importantes centros de educación superior, en materia de medicina y salud, sino aquella medicina que uno obtiene en base a la experiencia propia, a la experiencia ajena y a la humildad de poder adquirir conocimientos de los demás, no obstante estos pudieran incluso ser vetados, como, por ejemplo, el uso de dosis de dióxido de cloro, la ivermectina para animales, el bicarbonato de sodio, las gotas nasales con oximetazolina, el ventilador encendido, las aspirinas de Bayer®, entre otros, para prevenirse o curarse del covid-19. Ya que para no morir asfixiado, simplemente, se ingirió gotas nasales y se mantuvo encendido el ventilador; para evitar la trombosis, muy simple, se ingirió una a dos aspirinas diariamente, a fin de mantener “abiertas” las arterias y enfrentar las fiebres; y para fiebres más fuertes, la eficacia del uso de la Antalgina® o Novalgina® en gotas, con 100% de eficacia. Y los más radicales tomaron ivermectina de animales para prevenirse del covid-19, y tomaron dióxido de cloro para curarse del covid-19. Millones de pobladores en el mundo hicieron caso omiso de mucha información pública con respecto al covid-19 y hoy permanecen vivos.
No obstante extrañas prohibiciones y extrañas alertas, hay médicos que tuvieron que hacer caso omiso de todo esto para mantenerse vivos, y hay quienes han desafiado incluso tales informaciones y han otorgado salud y vida a pacientes de covid-19, como lo hizo el director de un centro de salud en el Perú que salvó a muchos de morirse otorgándoles dióxido de cloro, no obstante había sido prohibido, además del riesgo de ser acusado por delitos “contra la salud”.
Si la ciencia se basa en lo que repositorios académicos muestran a través de tesis y artículos científicos, ¡qué pobre ciencia!, ya que muchos incluso usando vacunas, peor aún, por haber usado tales vacunas, se murieron casi de inmediato por covid-19.
El covid-19 ha puesto de manifiesto tres cosas terribles: (a) que los médicos no son científicos y (b) que las universidades no ejercieron la principal función para la cual fueron creadas, es decir, hacer investigaciones científicas; y (c) los colegios médicos son solo grupos sociales, porque si hubieran sido profesionales, ¿cuál es el resultado de sus investigaciones?
¿Cuál fue el resultado de las investigaciones realizadas en los colegios médicos del mundo? Ninguno: sus profesionales no hicieron nada con respecto al covid-19. ¿Quiénes crearon las vacunas? ¿Por qué lo hicieron? ¿Y a qué se debe su ineficacia? Solo bastaba una sola vacuna, ¿por qué varias? Pareciera cosas de negocios y nada que ver con la ciencia ni con el real deseo de sanar y salvar vidas. Mejor que vacunas, ¿no hubiera sido dar soluciones para enfrentar el covid-19 o dejar que cada uno en su libre albedrío elija la que estime conveniente? Total, las soluciones médicas, realmente muchas de ellas fueron un total fracaso, cuya prueba son los millones de fallecidos, entre los cuales se encontraron los mismos médicos como otros profesionales de la salud.
Lo que más llama la atención es que aquellos que acudieron a centros de salud solo encontraron la muerte y que aquellos que permanecieron en sus hogares con tratamientos incluso caseros sobrevivieron.
No se entiende bien de dónde se sacó la idea de que el uso de balones de oxígeno pudiera evitar morir asfixiado si lo más fácil hubiera sido usar simplemente gotas nasales, siendo estas tan baratas. ¿O se incursionó acaso en nuevas ideas de negocio, sin importar poner en juego la buena salud y la vida?
Se recuerda que en un inicio se habló de ventiladores mecánicos, y realmente esto pudiera ser de suprema ayuda contra el covid-19, fácilmente reemplazable por simples ventiladores, en caso de no contar con “presupuestos”. Y estos simples ventiladores han salvado vidas a millones de pobladores del mundo entero que “cayeron” con covid-19.
¿Y qué fue el covid-19; qué es el covid-19? Muchos habiendo hecho caso omiso a las prohibiciones no dudaron a asistir a bares y discotecas clandestinas: jamás se contagiaron allí de nada, no obstante la costumbre peruana de tomar usando el mismo vaso y “tocarse” los cigarrillos de otros. Más bien se contagiaron debido al uso de los celulares. ¿Qué tendrían que ver los celulares con el covid-19? Raro fue precisamente que las empresas de telefonía elevaron sus ondas a 5G, así como algunas pretenden hacerlo ya a 6G, y el covid-19 no desaparece, aunque lo raro sea que ya no mate: los negocios se hacen mejor con los vivos, ¿desde cuándo sería mejor hacerlo con los muertos? Y todas las poblaciones controladas por medio de los medios digitales y la Internet: se conocen los movimientos económicos de todo el mundo, se asegura así el pago de impuestos y de todo. Control total.
La medicina cultural salva y sana. Quienes la han usado: lo saben. Hay quienes aseguran haberse sanado del covid-19 habiendo ingerido caldo de gallina. Hay quienes con la presencia de un médico o una enfermera en casa han terminado falleciendo, motivo por el cual en México corrían riesgo de linchamientos y asesinatos este tipo de profesionales, en la época recalcitrante del covid-19.
Sin embargo hay casos en los cuales se ha llevado el médico a casa, pero no de ese tipo de médicos comunes -cuya formación pareciera que proviniera de la información de los visitadores médicos, incluso de memes de Facebook-, sino de otros menos convencionales pero más empíricos, mejor dicho, más científicos. Y este hecho ha provocado que pacientes con signos mortales de covid-19 se hayan sanado e incluso recuperado prontamente.
Hay médicos que han aplicado medicina cultural para salvar vidas lo han hecho exitosamente; médicos que han roto paradigmas e imposiciones incluso legales, que han salvado y sanado a personas de segura muerte si hubieran sido sometidas a la medicina común y convencional. Benditos médicos y bendita medicina cultural, la que puede ser ejercida por todos, la que no forma lobbies ni negociados ni negociadores: la que tiene por única función salvar vidas y sanar personas.
La medicina cultural salva y sana.
La medicina cultural es el conjunto de conocimientos que posee una persona para sanarse y sanar a los demás, sin importar etnia, clase social, nivel cultural, procedencia, grado académico, etc. Es más que probable que aquellas personas que han padecido cada vez mayor número de dolencias tengan mayor número de soluciones relacionadas con la buena salud, por lo que el ejercicio de la medicina cultural, de parte de ella, pueda ser más útil para los demás. Y quienes compendian estos conocimientos, con un principio de ampliación constante, son científicos; y quienes le dan uso para salvar y sanar, son médicos culturales. Y quienes registran el producto de sus experiencias, son científicos. Por tanto, la medicina cultural es científica.
La medicina convencional, así como la química farmacéutica, puede aportar conocimientos importantísimos acerca de cómo curarse y sanarse. En realidad, es la química farmacéutica la número uno en aportar científicos conocimientos del más elevado nivel para conformar el bagaje de la medicina cultural. Sin embargo, la medicina naturista también aporta conocimientos del más elevado nivel y también puede ayudar o coadyuvar a la sanación. Disciplinas científicas, no científicas o seudocientíficas ¡eso ya que importa!, como la psicología, la metafísica, la parapsicología, el control mental, la hipnosis, etc., así como todo lo que ayude a sanar y salvar ingresa en el ámbito de la medicina cultural, siendo su segundo principio el de no discriminación. (No olvidar que la medicina convencional compone un lobby de médicos y profesionales de la salud, todos académicos, más aún de clínicas privadas; en cambio, la medicina cultural busca salvar y sanar, y puede ser ejercida por cualquiera).
Como la medicina cultural no es autoritativa, se rige por un tercer principio: es sugerente.
Quien ejerza de médico cultural solo puede sugerir. Ya el “paciente” debe hacer sus esfuerzos por entender el efecto de un “medicamento” o “tratamiento”, o verificar si lo puede llevar a cabo. El médico cultural puede hacer sugerencias en base a ejemplos, tomados de sus conocimientos, experiencia propia o experiencia ajena. También puede hacer una composición de un tratamiento, o un abanico de soluciones posibles de los cuales el paciente puede escoger.